MUSEO DE LA COMUNIDAD DE FRANCISCANAS CLARISAS DE BORJA. (ZARAGOZA) ESPAÑA

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sábado, 3 de junio de 2017

LA RESIDENCIA DE PENSIONISTAS DE BORJA VISITA EL MUSEO DE SANTA CLARA


       Ayer por la mañana, un grupo de 11 personas de la Residencia de Pensionistas de Borja visitaron el Museo de Santa Clara acompañados por tres responsables: D. Francisco Pardo, fisioterapeuta; D.ª Ana Pérez y D.ª Natalia Bravo, del Área Asistencial y Residencial. 


       En todo momento fueron atendidos por D.ª Eva Frago Corao, miembro activo de la Asociación de Amigos del Museo de Santa Clara que gestiona el Museo. 



 Al finalizar la visita, todos los asistentes pudieron descansar en el jardín del Museo y degustar el cafe, vino, zumos y pastas que había preparado las hermanas clarisas.




domingo, 21 de mayo de 2017

EL MUSEO DE SANTA CLARA EN LAS ACTIVIDADES DEL DÍA INTERNACIONAL DE LOS MUSEOS

    Por primera vez en sus casi cuatro años de existencia, el Museo de Santa Clara participó, junto a los Museos de la Colegiata y Arqueológico, de las actividades programadas por la Concejalía de Turismo del M.I. Ayuntamiento de Borja con ocasión del Día Internacional de los Museos. La primera de ellas tuvo lugar el pasado jueves, 18 de mayo, y como en los restantes museos se realizó una jornada de puertas abiertas en horario de mañana y tarde. 

      Asimismo, en el día de ayer formó parte del recorrido "Ruta por tus Museos", en los que los participantes tenían que resolver la identidad de Juan de Coloma como personaje histórico a partir de las pistas que se iban facilitando en la documentación entregada en la Oficina de Turismo. Recordamos a nuestros lectores que este año Borja celebra el V Centenario del fallecimiento del que fuera secretario real y, en concreto, el Museo de Santa Clara sirvió para recalcar su estrecha relación con las órdenes franciscanas. 

     Del mismo modo, esperamos que con ocasión de esta actividad los turistas y, en especial, los propios borjanos, hayan podido conocer un museo, todavía desconocido por algunos pero que a nuestro juicio merece la pena visitar.  Desde aquí, también damos las gracias a la comunidad de franciscanas clarisas, siempre dispuesta a colaborar en este tipo de actividades, así como a las voluntarias de la Asociación de Amigos del Museo de Santa Clara.

viernes, 20 de enero de 2017

CUANDO SAN SEBASTIÁN PUDO HABER SIDO PATRONO DE BORJA


Imagen procesional de San Sebastián. Siglo XVII. Museo de Santa Clara de Borja. 
(Foto: E. Lacleta).


        Este 20 de enero, día en el que la Real Cofradía de San Sebastián de Borja celebra la fiesta de su santo titular, queremos recordar el hecho histórico de que el santo pudo haber sido elevado a la condición de patrono principal de la ciudad en 1643, dato que posiblemente resulte desconocido, en buena medida, para los borjanos. 

       Desde el Medioevo, San Sebastián gozó de una profunda devoción en la localidad, donde contaba con una cofradía y dos templos propios, ambos en la plaza de San Francisco. La llamada ermita de San Sebastián "el Viejo" se encontraba en el cementerio de la parroquia de San Miguel (en la actualidad Museo Arqueológico), pero en 1609 terminó siendo derribada, tanto por su mal estado de conservación como por entorpecer el paso hacia la puerta principal del recién edificado convento de Santa Clara. En este sentido, y aunque el concejo de Borja barajó la posibilidad de construir una nueva ermita, optó por una solución más económica para las arcas municipales: trasladar el retablo y la capellanía fundada en la vieja ermita a una de las capillas ya existentes de la vecina parroquial de San Miguel. 


Lienzo de San Sebastián procedente de la antigua iglesia parroquial de San Miguel de Borja. Finales del s. XVIII-comienzos del s. XIX. (Foto: Centro de Estudios Borjanos).

     Por el contrario, la ermita de San Sebastián "el Nuevo" era la sede de la cofradía, y ocupaba una parte de lo que en el día de hoy es la iglesia del convento de Santa Clara, lugar donde se han conservado dos reliquias del santo. Finalmente, en el convento de San Francisco también existía una capilla dedicada a los santos Fabián y Sebastián. 


Reliquia de San Sebastián en un relicario del s. XX. Convento de Santa Clara. 
(Foto: A. Aguilera).

    De esta forma llegamos a 1641, cuando los días festivos anuales, entre los que se encontraban los domingos, fiestas de precepto, fiestas locales y celebraciones religiosas extraordinarias (rogativas, exequias reales etc.) copaban buena parte del calendario, hasta el punto de que el número de días laborables era inferior al de festivos, una circunstancia que, evidentemente, repercutía negativamente en el desarrollo económico. Por esta razón, el papa Urbano VIII, mediante la constitución apostólica Universa, de 13 de septiembre de 1642, redujo las fiestas de precepto a 34, y limitó a uno el número de patronos para cada reino, provincia y ciudad. 

Urbano VIII pintado por Gian Lorenzo Bernini. 1625. (Foto: wikipedia). 

       Como en el resto de localidades, Borja tuvo que pronunciarse sobre el patrono o patrona que, a partir de entonces, sería considerado como principal, y la decisión se dirimió entre San Sebastián y la Exaltación de la Santa Cruz. Según se anotó en el tomo cuarto de las resoluciones del cabildo de la colegiata de Santa María, el 25 de julio se pregonó públicamente la decisión pontificia pero, por motivos que no son especificados, los eclesiásticos estaban más interesados en que fuera la Exaltación de la Santa Cruz. Así lo hicieron saber a los jurados del municipio, que terminaron accediendo a sus deseos. No obstante, y en atención a que su cofradía era muy antigua y con un elevado número de integrantes, se acordó que la fiesta del santo no se celebrara el día 20, sino el domingo siguiente, asistiendo a ella todo el cabildo, como también a las vísperas del día anterior. 


La Exaltación de la Santa Cruz en el retablo mayor de la colegiata de Santa María. 
(Foto: Centro de Estudios Borjanos).

       El patronazgo de la Exaltación de la Santa Cruz queda patente en el retablo mayor de la colegiata, concertado en 1683 con los escultores Antonio y Gregorio de Messa, pero en esta monumental obra también se decidió colocar una imagen de San Sebastián presidiendo la calle lateral correspondiente al lado de la Epístola, un bello testimonio histórico-artístico de la profunda devoción de Borja hacia San Sebastián, santo que a punto estuvo de convertirse en patrono principal de la ciudad.  

San Sebastián en el retablo mayor de la colegiata de Santa María. 
(Foto: Centro de Estudios Borjanos).

jueves, 18 de agosto de 2016

CUARTA ACTIVIDAD DE VERANO EN EL MUSEO DE SANTA CLARA

       Mañana viernes, 19 de agosto, a las 8 de la tarde, el Museo de Santa Clara cerrará las actividades planificadas para la temporada de verano por su Asociación de Amigos.


        La actividad, de carácter gratuito, consistirá en un detallado comentario sobre uno de los lienzos barrocos más interesantes conservados en Borja desde el punto de vista iconográfico: la Comída Mística en Santa María de los Ángeles. 

Comida mística en Santa María de los Ángeles. (Foto: E. Lacleta).

        Al término de la misma, los asistentes podrán recorrer con tranquilidad todas las salas del Museo y disfrutar de un refresco que será servido en su jardín. 

        Recordamos que la actividad se desarrollá en el Museo, con entrada por la calle del Rey (junto a la placeta de Cortes, bocacalle de la calle San Francisco).

jueves, 21 de julio de 2016

ACTIVIDADES DE VERANO EN EL MUSEO DE SANTA CLARA

        Mañana, 22 de julio, el Museo de Santa Clara comenzará la primera de las actividades planificadas para la temporada de verano por su "Asociación de Amigos".  



        La actividad, de carácter gratuito, consistirá en un detallado comentario sobre la que, posiblemente, sea la obra más importante que desde el punto de vista iconográfico se conserva en Borja: un atípica composición de la escena de la Crucifixión del siglo XVI. Al término de la misma, los asistentes podrán recorrer todas las salas del Museo y disfrutar de un refresco que será servido en el jardín del Museo. 

 Anónimo. Crucifixión: el triunfo de la Iglesia sobre la Sinagoga. Siglo XVI.

        La visita guiada se iniciará a las ocho de la tarde, debiendo realizarse la entrada por la puerta del Museo, en la calle del Rey (junto a la placeta de Cortes, bocacalle de la calle San Francisco).

jueves, 14 de abril de 2016

REIMPRESIÓN DE UN GRABADO DE SANTA CLARA DE ASÍS POR EL ARTISTA D. JORGE ANDÍA RUIZ

        En 1700, cuando sor Mariana Sallent Trasobares contaba con 35 años, vio publicada por primera vez su Vida de la seráfica madre Santa Clara, una excepcional hagiografía de la seráfica madre en verso que dedicó al Santo Cristo del Coro del convento de Borja. En sus páginas dio sobradas muestras de su excepcional numen poético, hasta el punto que, en opinión de autores tan destacados como Eiján, “su subyugadora belleza, lo correcto de las frases, la viveza de las imágenes, la sublimidad de los conceptos y lo impresionante de los contrastes” la convierten en una composición única en toda la literatura franciscana mundial. 

Portada de la primera edición de la obra de sor Mariana Sallent. (Foto: A. Aguilera).

       La primera edición fue impresa en Zaragoza por Domingo Gascón, mientras que la segunda y tercera lo fueron en Valencia, en las prensas de Francisco Mestre, tres años después. Ya en 1717 se editó en Lima, en la imprenta de Diego de Lira, y en 1912 en Santiago de Chile. En el convento de Santa Clara se han conservado varios ejemplares de la primera y segunda edición, expuestos en la sala IV del Museo, así como otro ejemplar de la tercera cedido en depósito por el Centro de Estudios Borjanos. 

 Portadas de la segunda y tercera edición de la obra de sor Mariana Sallent. 
(Foto: A. Aguilera).

        Solo el segundo ejemplar, editado como hemos referido en Valencia, en 1703, presenta un grabado xilográfico representando el episodio hagiográfico más importante de Santa Clara: la liberación del monasterio de San Damián y ciudad de Asís de los sarracenos, hecho del que dan buena cuenta las diferentes testigos del proceso de canonización de Santa Clara, como sor Francisca de messer Capitáneo de Col de Mezzo, cuyo relato insertamos a continuación:

        "Preguntada sobre qué había visto ella, respondió que una vez entraron los sarracenos en el claustro del monasterio, y madonna Clara se hizo conducir hasta la puerta del refectorio y mandó que trajesen ante ella un cofrecito donde se guardaba el santísimo Sacramento del Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo. Y, postrándose en tierra en oración, rogó con lágrimas diciendo, entre otras, estas palabras: «Señor, guarda Tú a estas siervas tuyas, pues yo no las puedo guardar». Entonces la testigo oyó una voz de maravillosa suavidad, que decía: «¡Yo te defenderé siempre!» Entonces la dicha madonna rogó también por la ciudad, diciendo: «Señor, plázcate defender también a esta ciudad». Y aquella misma voz sonó y dijo: «La ciudad sufrirá muchos peligros, pero será protegida». Y entonces la dicha madonna se volvió a las hermanas y les dijo: «No temáis, porque yo soy fiadora de que no sufriréis mal alguno, ni ahora ni en el futuro, mientras obedezcáis los mandamientos de Dios». Y entonces los sarracenos se marcharon sin causar mal ni daño alguno".

           Durante el largo proceso de recuperación y revalorización del patrimonio artístico del convento de Santa Clara de los últimos años, pudimos localizar la plancha original del grabado, aunque en otras ocasiones aparece sobre ejemplares editados en 1700 y no en los de 1703, como es nuestro caso. De cualquier forma, gracias a una iniciativa conjunta entre el Museo de Santa Clara y el Centro de Estudios Borjanos, el artista borjano D. Jorque Andía Ruiz va a realizar una tirada limitada del mismo. 

Grabado xilográfico con la representación de Santa Clara en el ejemplar valenciano de 1703. (Foto: A. Aguilera) y estado original de la plancha (foto: J. Andía).

        Como actuaciones previas, D. Jorge Andía ha procedio a la limpieza de la plancha y a realizar una prueba de estado tras el proceso de recuperación para determinar si es viable o no su reimpresión.

Prueba de estado y plancha en su estado actual. (Fotos: J. Andía).

        Remitimos a la página de facebook del artista para ampliar más información sobre esta importante iniciativa, y aprovechamos la ocasión para agradecerle su colaboración.

         https://www.facebook.com/lafactoriadeandia/?fref=ts

martes, 11 de agosto de 2015

LA PRIMERA EDICIÓN DE LA VIDA DE NUESTRA SERÁFICA MADRE SANTA CLARA DE SOR MARIANA SALLENT TRASOBARES

En Zaragoza : por Domingo Gascon..., 1700
[24], 160 p., [1] h. de grab.; 8.º 
Port. con orla tip.
H. de grab. xil. representando a Santa Clara. 


        En el día de hoy, cuando la Segunda Orden Franciscana celebra la solemnidad de su fundadora, queremos traer a esta página la que, sin duda, es la hagiografía más exquisita de Santa Clara de Asís escrita en verso a lo largo de los siglos. Su autora fue la clarisas borjana sor Mariana Sallent Trasobares. (Borja 1665-Borja 1746), la quinta hija sobreviviente del matrimonio constituido por el médico Francisco Sallent y Catalina Trasobares. Mientras que ésta última falleció en 1669, tras dar a luz a su hermana María Teresa, el doctor Sallent lo hizo en 1676. La pérdida de sus progenitores resultó decisiva para que los albaceas testamentarios de don Francisco Sallent decidieran colocarla, junto con sus tres hermanas, bajo el amparo del convento de las clarisas de su ciudad natal, donde se efectuó la toma de hábito conjunta el 6 de febrero de 1676. Las cuatro hermanas fueron profesando a medida que iban cumpliendo la edad requerida, en el caso de sor Mariana el 9 de noviembre de 1682. Entre los muros de esta clausura aragonesa, de las que nuestra biografiada llegó a ser abadesa entre 1715 y 1718, las hermanas Sallent florecieron en virtudes y santidad, siendo, posiblemente, las más importantes e influyentes que hayan morado jamás en el mismo gracias al amparo, protección y mecenazgo que ejerció su hermano mayor, Francisco Antonio Sallent, que en 1705 fue nombrado obispo auxiliar electo del arzobispado de Valencia, aunque por su repentino fallecimiento, acaecido el 11 de febrero de 1706, no pudo llegar a ser consagrado.

Santo Cristo del Coro, hoy en la sala capitular del convento, a quien sor Mariana dedicó su obra. 
(Foto: E. Lacleta)

Cuando sor Mariana contaba con 35 años vio publicada por primera vez su Vida de la seráfica madre Santa Clara, una excepcional hagiografía de la “plantita” de San Francisco que dedicó al Santo Cristo del Coro. En ella dio sobradas muestras de su excepcional numen poético. Tanto es así que, en opinión de autores tan destacados como Eiján, “su subyugadora belleza, lo correcto de las frases, la viveza de las imágenes, la sublimidad de los conceptos y lo impresionante de los contrastes” la convierten en una composición única en toda la literatura franciscana mundial. De ello dan buena cuenta los versos que insertamos a continuación, que fueron copiados en los Papeles Curiosos Manuscritos del duque de Osuna, hoy conservados en la Biblioteca Nacional de España. 


¿Qué afecto es éste, decía,
que lo entiendo y no lo entiendo;
peno, y parece que gozo;
gozo y parece que peno?

¿Qué ardor abrasa, del frío
corazón la espera, siendo,
del mismo Ardor, el ardor
la llama y el refrigerio?

¿Qué es esto, que en mi produce
tristes y alegres extremos;
tormentos en los que logro
glorias, en las que padezco?

¿Qué achaque es éste, que deja
tan desayxado el remedio;
que con la dolencia sano,
con la medicina muero?

¿Qué fuego es éste, que arde
al contrario que otros Fuegos,
pues con suspiros lo apago,
y con lágrimas lo enciendo?

Yo favrico mi dolor
del mismo bien que poseo,
pues tengo aquello que lloro,
y lloro aquello que tengo.

        La obra puede descargarse íntegra en https://books.google.es

Santa Clara de Asís en su retablo de Borja del escultor José Ramírez de Arellano. 


        Solo nos resta felicitar a las hermanas clarisas de Borja en el día de su fundadora. 

domingo, 18 de enero de 2015

LA IMAGEN TITULAR DE SAN SEBASTIÁN Y LA FIRMA DE JOSÉ RAMÍREZ DE ARELLANO


        Imagen de San Sebastián en el retablo mayor de la iglesia del convento de Santa Clara. (Foto: E. Lacleta)

        En los próximos días, la segunda cofradía más antigua de Borja, la de San Sebastián, va a disponerse a celebrar la fiesta de su santo patronal con actos tan tradicionales como el canto de las Vísperas solemnes por las RR.MM. Franciscanas-Clarisas y la hoguera en la plaza de San Francisco, el día 19 de enero, o la procesión y la Eucaristía que tendrán lugar en la mañana del  día siguiente en la iglesia del convento de Santa Clara. 

Vista general del retablo mayor de la iglesia del convento de Santa Clara. (Foto: E. Lacleta)

        Fue en 1687 cuando las clarisas solicitaron la cesión de la ermita de San Sebastián "el Nuevo", sede hasta entonces de la cofradía homónima, para convertirla en su iglesia conventual. Así lo aceptaron los cofrades, el consejo de la ciudad y el cabildo de la colegiata, no sin antes imponer a las religiosas una serie de condiciones, entre las que destacan el que su iglesia y retablo mayor estuvieran perpetuamente dedicados a San Sebastián. La renovación de la antigua ermita, de manos del maestro José Barbod, concluyó en 1692, y hasta 1743 presidió la misma el antiguo retablo de la ermita, una obra concertada en 1538 con Juan de Moreto y cuya policromía corrió por cuenta de Antón de Plasencia y Hernando Rodríguez. 

Capitulación del retablo mayor de la iglesia del convento con José Ramírez de Arellano. (Foto: E. Lacleta)

        Pero en 1743 la comunidad religiosa decidió sustituir el viejo retablo por uno nuevo más acorde a las modas de la época. Para su construcción no repararon en gastos, y el 16 de mayo de 1743 suscribieron su hechura con el mejor escultor aragonés del momento, José Ramírez de Arellano, quien tiempo después, entre 1754-1765 sería el director adjunto de las obras de la basílica del Pilar de Zaragoza, además del autor de buena parte de los grupos escultóricos que decoran la Santa Capilla de la Virgen. Aunque la autoría ya había sido señalada en 1980 por la profesora Belén Boloqui, no fue hasta el año 2006 cuando pudo ser localizado el contrato en los fondos archivísticos del propio convento. Por lo que respecta a los trabajos de dorado y policromía del retablo fueron llevados a cabo entre 1744-1745 por fray Manuel Castellón, un donado franciscano que también se ocuparía, años más tarde, de los del mayor de la iglesia del Santuario de Misericordia. 

Catedral-Basílica del Pilar de Zaragoza. Grupo escultórico en mármol de Carrara de la Venida de la Virgen, obra de José Ramírez de Arellano. (Foto: Basílica del Pilar). 

     Según lo acordado, la imagen de San Sebastián debía ser la titular de la nueva obra y, para su realización, el conocido escultor se inspiró en la talla que los hermanos Antonio y Gregorio de Mesa realizaron para el altar mayor de la colegiata de Borja. Se trata de una obra que da sobradas muestras de la calidad artística del artífice, concentrando buena parte de sus características más sobresalientes como los pliegues en ángulo diedro a la altura de las rodillas, posición en contraposto, pose grandilocuente de brazos en diagonal y amplio manto envolvente. También son característicos en la obra de Ramírez los coros celestes de ángeles y putti, y es aquí donde el escultor solía firmar sus obras de manera un tanto personal y particular, siempre con la representación de la cabeza calva de un ángel. 

Detalle de la firma de José Ramírez de Arellano. (Foto E. Lacleta)

       Una segunda "firma" de José Ramírez de Arellano la encontramos en el retablo colateral de Santa Clara que realizó junto al de Santa Ana tras concluir el altar mayor. 

Detalle de la firma de José Ramírez de Arellano en el retablo de Santa Clara. (Foto: E. Lacleta)

domingo, 16 de noviembre de 2014


LOS LIBROS LITÚRGICO-MUSICALES DEL ARZOBISPO ALFONSO GREGORIO


        El 30 de abril de 1603 fue fundado en Borja el convento de Santa Clara, el primero femenino de la ciudad, por sor Esperanza Ortal, sor Ana Xabar, sor Isabel Casales y sor Petronila Sariñena, monjas procedentes del convento de Santa Catalina de Zaragoza. Así pues, más de cuatrocientos años de existencia han generado un extraordinario patrimonio que, lejos de los sucedido en otro tiempo, sus propietarias han sabido advertir su valor, un cambio de mentalidad que se ha traducido en la consolidación del edificio, la restauración de su iglesia y de algunos de los lienzos que constituyen su exorno, la recuperación de sus ricos archivos histórico y musical y la creación del Museo conventual. Es, en este contexto, donde diversos investigadores, historiadores del arte e historiadores hemos comenzado a poner nuestra mirada en un convento que, hasta la actualidad, no había sido objeto de la atención que merecía, dando a conocer parte de su historia y de patrimonio en distintas publicaciones especializadas. 

       Fruto de este trabajo fue el hallazgo en 2008 de tres de los cinco libros litúrgico-musicales que se propuso realizar el arzobispo de Zaragoza D. Alfonso Gregorio a finales del siglo XVI y que se han conservado en el convento borjano. Nos estamos refiriendo al Antiphonarium de Sanctis  (1596), al Antiphonarium de Tempore (1598) y al Missarum de Sanctis (1598), todos ellos realizados en la tipografía de Pascual Pérez, “uno más de los numerosos y excelentes maestros impresores que trabajaban activamente en nuestra ciudad a finales del s. XVI”,  y que hasta el trabajo del profesor Ángel San Vicente resultaba casi desconocido. La noticia fue dada a conocer por Heraldo de Aragón, cuyo enlace insertamos a continuación:

http://www.heraldo.es/noticias/cultura/el_patrimonio_musical_aragones_recupera_tres_joyas_bibliograficas_halladas_borja.html

     Los dos antifonarios fueron objeto de estudio y publicación en una edición  facsimilar auspiciada por la Sección de Música Antigua de la Institución “Fernando el Católico”, donde quedó de manifiesto la rareza e importancia de estos ejemplares, máxime cuando en el año 1996 sólo se tenía constancia de la existencia del Antiphonarium de Tempore en las bibliotecas privadas de los profesores Lothar Siemens Hernández y Jesús Gonzalo López así como en la Biblioteca de la Universidad de Oviedo, lugar éste último donde también se conserva el Antiphonarium de Sanctis. 

Antiphonarium de Sanctis

     D. Alfonso Gregorio ocupó la sede arzobispal desde el 1 de mayo de 1593 hasta su fallecimiento, acaecido el 27 de octubre de 1602, viéndose caracterizado su gobierno por una “intensa actividad pastoral”. En la dedicatoria de ambos antifonarios puso de relieve la escasez de obras de esta naturaleza en su archidiócesis, su importancia en la alabanza divina así como la necesidad de imprimirlas si se carecía de ellas. De tal manera, los ejemplares conservados en Borja, aun perteneciendo la ciudad a lo largo de su historia a la diócesis de Tarazona, deben considerarse el fruto de una de las máximas prioridades que rigieron el gobierno del prelado.

Antiphonarium de Tempore

         En la citada edición facsimilar quedó patente que la idea inicial de D. Alfonso Gregorio era la publicación de cinco libros, aunque sólo se conocían con seguridad los dos antifonarios, y, con ciertas reservas, el Manuale seu Rituale Caesaraugustanum, editado por Lorenzo Robles en 1600 y que Juan M. Sánchez localizó en la biblioteca del convento de Ntra. Sra. de Cogullada, ejemplar actualmente desaparecido, aunque se habría conservado otro en la parroquia de la localidad de Cubel. En la actualidad, podemos añadir a esta nómina el Missarum de Sanctis conservado en Borja, y que según don Pedro Calahorra existe otro ejemplar en la catedral de Jaca, así como un Missarum de Tempore localizado en la colegiata de Daroca.

Liber Missarum de Sanctis

        El Missarum de Sanctis contiene la música de las partes del Propio de la Misa, tanto para el Propio de los Santos siguiendo el calendario de la Iglesia Universal, como para el Común de los Santos y difuntos, donde también se recogen las festividades del calendario de la Iglesia en España y las del de Zaragoza. El libro se completa con varios aspersorios y partes del Ordinario de la Misa para el Común de los Santos y difuntos. Así pues, el hallazgo de estos tres ejemplares en el convento de Santa Clara resulta ser de una importancia extraordinaria, tanto porque se desconocía su existencia en Borja como porque es el único lugar en el que se han conservado juntos tres de los cinco libros proyectados por el prelado.

domingo, 18 de mayo de 2014

SANTA TERESA DE JESÚS
José Ramírez de Arellano y taller
Talla en madera policromada y encarnada
Segunda mitad del siglo XVIII
Santa Teresa de Jesús. (Foto: E. Lacleta)

       En el día internacional de los Museos, volvemos con una nueva entrada de este blog dedicada a Santa Teresa de Ávila, una de las santas más importantes de la Iglesia católica y una de las tres únicas doctoras reconocidas por Ésta junto a Santa Catalina de Siena y Santa Teresita del Niño Jesús. Nació en Ávila, el 28 de marzo de 1515, entrando en el Carmelo a los 18 años de edad. Ya a los 45 años, junto con San Juan de la Cruz, introdujo en la orden la reforma carmelitana, y su vida estuvo plagada de profundas experiencias místicas y espirituales. Murió en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1572. 

Santa Teresa de Jesús. (Foto: E. Lacleta)

        La devoción que profesaron a la santa abulense las hermanas Sallent, cuatro clarisas de origen borjano, así como la de su propio hermano Francisco Antonio, obispo auxiliar electo del arzobispado de Valencia, queda constatada por su empeño en conseguir tres reliquias que, finalmente, pudieron llegar al convento de Borja y, de hecho, fue el prelado el promotor de una de las celebraciones religiosas más solemnes que tuvieron lugar aquí. Se trata de la fiesta que instituyó en honor de Santa Teresa de Jesús. La rápida propagación de su culto, posibilitó el surgimiento de una iconografía exclusiva y particular de la santa en fechas tempranas. Su propia personalidad y experiencias místicas también encajaron perfectamente en la pasión propia de la España del barroco, motivo por el que Santa Teresa fue muy representada en los siglos XVII y XVIII, incluso en centros religiosos como el de Borja, perteneciente a otra Orden distinta de la Iglesia. 

Santa Teresa de Jesús. Detalle del rostro. (Foto: E. Lacleta)

        La existencia de esta escultura, que hoy puede admirarse en la sala cuarta del Museo, debe ponerse en relación con la fiesta fundada en el convento por Francisco Antonio Sallent. Se trata de una imagen de bulto, aparentemente de madera de pino, y de muy buena calidad artística cuya policromía se ha realizado a base de pintura al óleo y dorado al agua. La santa, de cara redondeada, finas cejas, boca pequeña, mentón marcado y ojos saltones recuerda al estilo de los Ramírez. Por otra parte, se representa de pie, en posición de contraposto con la pierna izquierda flexionada. 

Santa Teresa de Jesús. Detalle de la policromía de la capa. (Foto: E. Lacleta)

        Viste el tradicional hábito marrón carmelita y capa blanca decorados con motivos vegetales de gusto rococó. Además, Santa Teresa se muestra en pleno arrobamiento místico, con la boca entreabierta y semblante elevado al cielo, como denotaría también un pequeño agujero existente en el manto, donde se ubicaría una flecha en referencia a su experiencia mística más conocida: la Transverberación. Destaca, asimismo, su gran dinamismo e ímpetu gracias a la correcta ejecución de los plegados, el movimiento efectuado por el escapulario y su mirada mística puesta hacia lo divino. 

Santa Teresa de Jesús. Detalle. (Foto: E. Lacleta)

       En líneas generales, la talla borjana se ajusta al modelo castellano de Gregorio Fernández y, en palabras de Vázquez García, en esta imagen también se supo representar el triunfo de una mujer que mezcló lo místico con lo terreno. Esto último por medio del libro y de la pluma postiza que sostiene con sus manos izquierda y derecha respectivamente. 


Santa Teresa de Jesús. Detalle de la mano derecha de la santa. (Foto: E. Lacleta)

        
        La mano derecha, sin embargo, debió de sufrir algún percance, y tuvo que ser reemplazada por otra pieza bastante más tosca. La talla de Santa Teresa de Jesús es una de las pocas obras que se exhiben habitualmente en el Museo que todavía falta por restaurar.




sábado, 5 de abril de 2014

CRISTO DE LA ENFERMERÍA
Anónimo. Primer tercio del siglo XVII
Madera policramada. 101,5 cm. 


Cristo de la enfermería. (Foto: E. Lacleta)

        La vida de una de las religiosas más importantes que tomaron el hábito en este convento de Santa Clara de Borja, sor María Salinas Tudela -referida en este blog en entradas anteriores- nos ofrece un modelo hagiográfico establecido dentro de la más estricta estética del barroco, plagada de numerosas visiones, coloquios místicos con Jesucristo, éxtasis o intensos arrobos. Tras una de estas experiencias espirituales en las que llegó a conversar con San Francisco de Asís, la religiosa quedó tan sumida en ansias de pobreza que no dudó en desprenderse de todos los bienes materiales que tenía, entre ellos este precioso crucificado que regaló a la enfermería del convento para consuelo de sus hermanas enfermas.

 Cristo de la enfermería: detalle. (Foto: E. Lacleta)

        Con respecto al oratorio de la enfermería, es necesario indicar que, en la segunda mitad del siglo XVIII, el obispo de Tarazona, D. Esteban Vilanova, en cumplimiento de los dispuesto por la bula del papa Benedicto XIV del 25 de enero de 1756, designó altar privilegiado perpetuo su retablo para que las religiosas que por ancianidad, enfermedad u otras circunstancias no pudieran "visitar" el mayor de la iglesia conventual, ganaran las indulgencias en éste, aunque sólo si oficiaban sacerdotes franciscanos. 

Detalle de la base de la cruz con la calavera de Adán. (Foto: E. Lacleta)

        El Santo Cristo de la enfermería es una obra de buena factura de principios del siglo XVII y, hasta los años setenta del pasado siglo se conservó en un nicho barroco sufragado por la religiosa sor Luisa Villanova entre 1763-1766, junto con una pequeña escultura de factura popular representando a la venerable madre Salinas. En la actualidad, la hornacina se conserva junto a la entrada de la sala capitular, conteniendo una imagen de la Virgen de la Peana, co-patrona de Borja, de la segunda mitad del siglo XIX. El Cristo, por su parte, puede admirarse en la sala IV del Museo junto a otros recuerdos de sor María Salinas. 

Vista del Cristo de la enfermería desde la entrada a la sala IV del Museo. (Foto: E. Lacleta)

        La imagen también ha sido fuente de inspiración literaria en el interior del claustro. Hace unos años pudimos recoger una hoja de calendario correspondiente al mes de abril de 1936. Detrás de ella se había escrito una composición poética anterior dedicada a este Santo Cristo, aunque de no demasiada fortuna y pobre de versificación. 

Existe en la enfermería de Santa Clara
una imagen de Cristo que arroba el alma:
este es el Crucifijo que habló un día
a nuestra venerable madre María, madre María.

De esta imagen vendita tan lastimera
hay sublimes misterios para quererla.
La venerable, umilde, ante ella orando
tenía estos coloquios tan regalados. 

Jesús del alma mía, ¿qué quieres que haga?
Dulce vien mío, en esa cruz al verte tan dolorido,
te pido que me digas qué quieres que haga
para satisfacerte por nuestras faltas.

¡O, mi sierva María: ámame mucho
por los que me desprecian en este mundo.
Tus sacrificios, hija, con tus ofrendas
podrán calmar en algo mis crueles penas. 

Cuando la venerable salió de casa
a reformar en Jelsa la regla santa,
dejó en este convento tan rica joya
que adoraran siempre las relijiosas. 

Éstas, en Él confían, y a Él sólo acuden,
lo mismo cuando gozan que cuandro sufren,
pues sólo con mirarle sienten sus almas
consuelos inegables en sus desgracias. 

Las cruces que en el mundo Dios les envía
cargan sobre sus hombros con alegría,
pues viendo a Jesucristo colgado en ella
su corazón recibe gran fortaleza. 

Y si en la enfermería, por sus dolores,
sienten crueles tormentos en sus corazones,
tiene la relijiosa gran regocijo
por estar siempre al ladro del Crucifijo. 

En Él, sus santos botos tienen clavados
porque es norma segura para guardarlos,
y porque les [...] por su observancia,
en la mansión eterna dicha sin tasa.