MUSEO DE LA COMUNIDAD DE FRANCISCANAS CLARISAS DE BORJA. (ZARAGOZA) ESPAÑA

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jueves, 18 de agosto de 2016

CUARTA ACTIVIDAD DE VERANO EN EL MUSEO DE SANTA CLARA

       Mañana viernes, 19 de agosto, a las 8 de la tarde, el Museo de Santa Clara cerrará las actividades planificadas para la temporada de verano por su Asociación de Amigos.


        La actividad, de carácter gratuito, consistirá en un detallado comentario sobre uno de los lienzos barrocos más interesantes conservados en Borja desde el punto de vista iconográfico: la Comída Mística en Santa María de los Ángeles. 

Comida mística en Santa María de los Ángeles. (Foto: E. Lacleta).

        Al término de la misma, los asistentes podrán recorrer con tranquilidad todas las salas del Museo y disfrutar de un refresco que será servido en su jardín. 

        Recordamos que la actividad se desarrollá en el Museo, con entrada por la calle del Rey (junto a la placeta de Cortes, bocacalle de la calle San Francisco).

miércoles, 10 de agosto de 2016

BALANCE DE LA SEGUNDA ACTIVIDAD DE VERANO EN EL MUSEO DE SANTA CLARA

       En la tarde de ayer, dentro de las actividades programadas por el Museo de Santa Clara para este verano se celebró, con extraordinario éxito, la conferencia sobre el retablo mayor de la iglesia conventual de las clarisas, a cargo de D. Manuel Gracia Rivas, presidente del Centro de Estudios Borjanos de la Institución "Fernando el Católico".
      
D. Manuel Gracia Rivas durante la intervención. (Foto: M. Chueca).

Asistentes al acto. (Foto: M. Chueca).  

       En el transcurso aproximado de una hora se adentró en el sentido litúrgico del retablo mayor, sustentado simbólicamente en Cristo y la Virgen mediante la figuración de sus anagramas, sobre los plintos de las columnas centrales, y coronado por la Inmaculada Concepción, patrona de la Orden franciscana, que tanto empeño puso en la defensa de un dogma que no fue solemnemente proclamado como tal hasta 1854 por el papa Pío IX.

 Anagramas de Cristo y la Virgen en el retablo mayor. (Foto: E. Lacleta).

Inmaculada Concepción en el ático del retablo. (Foto: E. Lacleta).

        También llamó la atención sobre las esculturas que flanquean a la Inmaculada: Santa Bárbara y Santa Catalina de Alejandría, dos mártires de los primeros siglos del cristianismo que, en una iglesia conventual, adquieren pleno sentido como modelos a imitar por las religiosas. 

 Santa Bárbara y Santa Catalina de Alejandría. (Foto: E. Lacleta).

        Especial detenimiento mereció la imagen titular de San Sebastián, uno de los santos de la Iglesia primitiva que mayor veneración ha tenido en el transcurso de los siglos. Al margen de las circunstancias históricas que determinaron que el retablo mayor de un convento femenino de clausura se dedicase al santo capadocio, lo que produjo que se le representase con mayor vestimenta de la que suele ser habitual en su iconografía, se incidió en el concepto del martirio como causa de fe dentro de la comunidad porque, como recuerda Tertuliano, "la sangre de los mártires es semilla de los cristianos". 

Imagen titular de San Sebastián y detalle del ángel entregándole la corona y palma del martirio. (Foto: E. Lacleta).

        Finalmente, se glosaron las figuras de San Buenavertura y San Juan de Capistrano, este último enmarcando en el contexto histórico de la cruzada contra la amenaza turca, promovida por Calixto III, el primer papa Borgia, en la que San Juan de Capistrano participó

San Buenaventura y San Juan de Capistrano. (Foto: E. Lacleta).  
 
        Recordamos a nuestros lectores que la siguiente actividad está programada para el próximo martes, 16 de agosto, a los 20.00 h., en la iglesia del convento. En ella, de nuevo D. Manuel Gracia Rivas comentará los aspectos más importantes del que fuera retablo mayor del convento de San Francisco. 

 Antiguo retablo mayor del convento de San Francisco. (Foto: E. Lacleta). 

lunes, 8 de agosto de 2016

SEGUNDA ACTIVIDAD DE VERANO EN EL MUSEO DE SANTA CLARA

        Mañana, 9 de agosto, el Museo de Santa Clara comenzará la segunda de las actividades planificadas para la temporada de verano por su "Asociación de Amigos". La actividad, de carácter gratuito, consistirá en una visita guiada a la iglesia conventual de San Sebastián que estará a cargo de D. Manuel Gracia Rivas, presidente del Centro de Estudios Borjanos de la Institución "Fernando el Católico". 

Retablo mayor.1743-1745. (Foto: E. Lacleta).

      En ella, aunque se comentarán con detalle los aspectos más destacados del templo y de sus obras de arte, se hará especial mención al retablo mayor y a los dos laterales de Santa Clara y Santa Ana, pues todos ellos fueron realizados por el mejor escultor aragonés del momento, José Ramírez de Arellano, que años después realizaría la decoración escultórico de la Santa Capilla de la basílica del Pilar de Zaragoza. El autor, al parecer, "firmaba" sus obras incluyendo siempre un ángel calvo.

Detalle del grupo central de la glorifación de San Sebastián, con un ángel calvo (indicado con flecha) a su izquierda. (Foto: E. Lacleta). 

        El retablo mayor le fue encargado el 16 de mayo de 1743, habiéndose conservado el contrato que, en la actualidad, se expone en la sala II del Museo. El 25 de noviembre de 1744 comenzó a dorarse a cargo de fray Manuel Castellón, un lego franciscano que, tiempo después, también doraría el retablo mayor de la iglesia del Santuario de Misericordia, cuya mazonería corrío por cuenta de Bernabé Mendonza. 

Retablos laterales de Santa Clara y Santa Ana. 1746-1747. (Foto: E. Lacleta). 

        Los retablos laterales fueron contratados poco tiempo después, el 25 de junio de 1746, mientras que el 28 de junio de 1747 pudieron comenzar a dorarse por Pedro Luzán, quien trabajó en varias ocasiones con José Goya, padre de Francisco de Goya. 

Detalle de la cabeza de un ángel calvo en el retablo de Santa Clara. (Foto: E. Lacleta).

         La visita guiada se iniciará a las ocho de la tarde, al término de la Eucarística, en la propia entrada de la iglesia.
 

jueves, 14 de abril de 2016

REIMPRESIÓN DE UN GRABADO DE SANTA CLARA DE ASÍS POR EL ARTISTA D. JORGE ANDÍA RUIZ

        En 1700, cuando sor Mariana Sallent Trasobares contaba con 35 años, vio publicada por primera vez su Vida de la seráfica madre Santa Clara, una excepcional hagiografía de la seráfica madre en verso que dedicó al Santo Cristo del Coro del convento de Borja. En sus páginas dio sobradas muestras de su excepcional numen poético, hasta el punto que, en opinión de autores tan destacados como Eiján, “su subyugadora belleza, lo correcto de las frases, la viveza de las imágenes, la sublimidad de los conceptos y lo impresionante de los contrastes” la convierten en una composición única en toda la literatura franciscana mundial. 

Portada de la primera edición de la obra de sor Mariana Sallent. (Foto: A. Aguilera).

       La primera edición fue impresa en Zaragoza por Domingo Gascón, mientras que la segunda y tercera lo fueron en Valencia, en las prensas de Francisco Mestre, tres años después. Ya en 1717 se editó en Lima, en la imprenta de Diego de Lira, y en 1912 en Santiago de Chile. En el convento de Santa Clara se han conservado varios ejemplares de la primera y segunda edición, expuestos en la sala IV del Museo, así como otro ejemplar de la tercera cedido en depósito por el Centro de Estudios Borjanos. 

 Portadas de la segunda y tercera edición de la obra de sor Mariana Sallent. 
(Foto: A. Aguilera).

        Solo el segundo ejemplar, editado como hemos referido en Valencia, en 1703, presenta un grabado xilográfico representando el episodio hagiográfico más importante de Santa Clara: la liberación del monasterio de San Damián y ciudad de Asís de los sarracenos, hecho del que dan buena cuenta las diferentes testigos del proceso de canonización de Santa Clara, como sor Francisca de messer Capitáneo de Col de Mezzo, cuyo relato insertamos a continuación:

        "Preguntada sobre qué había visto ella, respondió que una vez entraron los sarracenos en el claustro del monasterio, y madonna Clara se hizo conducir hasta la puerta del refectorio y mandó que trajesen ante ella un cofrecito donde se guardaba el santísimo Sacramento del Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo. Y, postrándose en tierra en oración, rogó con lágrimas diciendo, entre otras, estas palabras: «Señor, guarda Tú a estas siervas tuyas, pues yo no las puedo guardar». Entonces la testigo oyó una voz de maravillosa suavidad, que decía: «¡Yo te defenderé siempre!» Entonces la dicha madonna rogó también por la ciudad, diciendo: «Señor, plázcate defender también a esta ciudad». Y aquella misma voz sonó y dijo: «La ciudad sufrirá muchos peligros, pero será protegida». Y entonces la dicha madonna se volvió a las hermanas y les dijo: «No temáis, porque yo soy fiadora de que no sufriréis mal alguno, ni ahora ni en el futuro, mientras obedezcáis los mandamientos de Dios». Y entonces los sarracenos se marcharon sin causar mal ni daño alguno".

           Durante el largo proceso de recuperación y revalorización del patrimonio artístico del convento de Santa Clara de los últimos años, pudimos localizar la plancha original del grabado, aunque en otras ocasiones aparece sobre ejemplares editados en 1700 y no en los de 1703, como es nuestro caso. De cualquier forma, gracias a una iniciativa conjunta entre el Museo de Santa Clara y el Centro de Estudios Borjanos, el artista borjano D. Jorque Andía Ruiz va a realizar una tirada limitada del mismo. 

Grabado xilográfico con la representación de Santa Clara en el ejemplar valenciano de 1703. (Foto: A. Aguilera) y estado original de la plancha (foto: J. Andía).

        Como actuaciones previas, D. Jorge Andía ha procedio a la limpieza de la plancha y a realizar una prueba de estado tras el proceso de recuperación para determinar si es viable o no su reimpresión.

Prueba de estado y plancha en su estado actual. (Fotos: J. Andía).

        Remitimos a la página de facebook del artista para ampliar más información sobre esta importante iniciativa, y aprovechamos la ocasión para agradecerle su colaboración.

         https://www.facebook.com/lafactoriadeandia/?fref=ts

domingo, 18 de enero de 2015

LA IMAGEN TITULAR DE SAN SEBASTIÁN Y LA FIRMA DE JOSÉ RAMÍREZ DE ARELLANO


        Imagen de San Sebastián en el retablo mayor de la iglesia del convento de Santa Clara. (Foto: E. Lacleta)

        En los próximos días, la segunda cofradía más antigua de Borja, la de San Sebastián, va a disponerse a celebrar la fiesta de su santo patronal con actos tan tradicionales como el canto de las Vísperas solemnes por las RR.MM. Franciscanas-Clarisas y la hoguera en la plaza de San Francisco, el día 19 de enero, o la procesión y la Eucaristía que tendrán lugar en la mañana del  día siguiente en la iglesia del convento de Santa Clara. 

Vista general del retablo mayor de la iglesia del convento de Santa Clara. (Foto: E. Lacleta)

        Fue en 1687 cuando las clarisas solicitaron la cesión de la ermita de San Sebastián "el Nuevo", sede hasta entonces de la cofradía homónima, para convertirla en su iglesia conventual. Así lo aceptaron los cofrades, el consejo de la ciudad y el cabildo de la colegiata, no sin antes imponer a las religiosas una serie de condiciones, entre las que destacan el que su iglesia y retablo mayor estuvieran perpetuamente dedicados a San Sebastián. La renovación de la antigua ermita, de manos del maestro José Barbod, concluyó en 1692, y hasta 1743 presidió la misma el antiguo retablo de la ermita, una obra concertada en 1538 con Juan de Moreto y cuya policromía corrió por cuenta de Antón de Plasencia y Hernando Rodríguez. 

Capitulación del retablo mayor de la iglesia del convento con José Ramírez de Arellano. (Foto: E. Lacleta)

        Pero en 1743 la comunidad religiosa decidió sustituir el viejo retablo por uno nuevo más acorde a las modas de la época. Para su construcción no repararon en gastos, y el 16 de mayo de 1743 suscribieron su hechura con el mejor escultor aragonés del momento, José Ramírez de Arellano, quien tiempo después, entre 1754-1765 sería el director adjunto de las obras de la basílica del Pilar de Zaragoza, además del autor de buena parte de los grupos escultóricos que decoran la Santa Capilla de la Virgen. Aunque la autoría ya había sido señalada en 1980 por la profesora Belén Boloqui, no fue hasta el año 2006 cuando pudo ser localizado el contrato en los fondos archivísticos del propio convento. Por lo que respecta a los trabajos de dorado y policromía del retablo fueron llevados a cabo entre 1744-1745 por fray Manuel Castellón, un donado franciscano que también se ocuparía, años más tarde, de los del mayor de la iglesia del Santuario de Misericordia. 

Catedral-Basílica del Pilar de Zaragoza. Grupo escultórico en mármol de Carrara de la Venida de la Virgen, obra de José Ramírez de Arellano. (Foto: Basílica del Pilar). 

     Según lo acordado, la imagen de San Sebastián debía ser la titular de la nueva obra y, para su realización, el conocido escultor se inspiró en la talla que los hermanos Antonio y Gregorio de Mesa realizaron para el altar mayor de la colegiata de Borja. Se trata de una obra que da sobradas muestras de la calidad artística del artífice, concentrando buena parte de sus características más sobresalientes como los pliegues en ángulo diedro a la altura de las rodillas, posición en contraposto, pose grandilocuente de brazos en diagonal y amplio manto envolvente. También son característicos en la obra de Ramírez los coros celestes de ángeles y putti, y es aquí donde el escultor solía firmar sus obras de manera un tanto personal y particular, siempre con la representación de la cabeza calva de un ángel. 

Detalle de la firma de José Ramírez de Arellano. (Foto E. Lacleta)

       Una segunda "firma" de José Ramírez de Arellano la encontramos en el retablo colateral de Santa Clara que realizó junto al de Santa Ana tras concluir el altar mayor. 

Detalle de la firma de José Ramírez de Arellano en el retablo de Santa Clara. (Foto: E. Lacleta)

domingo, 18 de mayo de 2014

SANTA TERESA DE JESÚS
José Ramírez de Arellano y taller
Talla en madera policromada y encarnada
Segunda mitad del siglo XVIII
Santa Teresa de Jesús. (Foto: E. Lacleta)

       En el día internacional de los Museos, volvemos con una nueva entrada de este blog dedicada a Santa Teresa de Ávila, una de las santas más importantes de la Iglesia católica y una de las tres únicas doctoras reconocidas por Ésta junto a Santa Catalina de Siena y Santa Teresita del Niño Jesús. Nació en Ávila, el 28 de marzo de 1515, entrando en el Carmelo a los 18 años de edad. Ya a los 45 años, junto con San Juan de la Cruz, introdujo en la orden la reforma carmelitana, y su vida estuvo plagada de profundas experiencias místicas y espirituales. Murió en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1572. 

Santa Teresa de Jesús. (Foto: E. Lacleta)

        La devoción que profesaron a la santa abulense las hermanas Sallent, cuatro clarisas de origen borjano, así como la de su propio hermano Francisco Antonio, obispo auxiliar electo del arzobispado de Valencia, queda constatada por su empeño en conseguir tres reliquias que, finalmente, pudieron llegar al convento de Borja y, de hecho, fue el prelado el promotor de una de las celebraciones religiosas más solemnes que tuvieron lugar aquí. Se trata de la fiesta que instituyó en honor de Santa Teresa de Jesús. La rápida propagación de su culto, posibilitó el surgimiento de una iconografía exclusiva y particular de la santa en fechas tempranas. Su propia personalidad y experiencias místicas también encajaron perfectamente en la pasión propia de la España del barroco, motivo por el que Santa Teresa fue muy representada en los siglos XVII y XVIII, incluso en centros religiosos como el de Borja, perteneciente a otra Orden distinta de la Iglesia. 

Santa Teresa de Jesús. Detalle del rostro. (Foto: E. Lacleta)

        La existencia de esta escultura, que hoy puede admirarse en la sala cuarta del Museo, debe ponerse en relación con la fiesta fundada en el convento por Francisco Antonio Sallent. Se trata de una imagen de bulto, aparentemente de madera de pino, y de muy buena calidad artística cuya policromía se ha realizado a base de pintura al óleo y dorado al agua. La santa, de cara redondeada, finas cejas, boca pequeña, mentón marcado y ojos saltones recuerda al estilo de los Ramírez. Por otra parte, se representa de pie, en posición de contraposto con la pierna izquierda flexionada. 

Santa Teresa de Jesús. Detalle de la policromía de la capa. (Foto: E. Lacleta)

        Viste el tradicional hábito marrón carmelita y capa blanca decorados con motivos vegetales de gusto rococó. Además, Santa Teresa se muestra en pleno arrobamiento místico, con la boca entreabierta y semblante elevado al cielo, como denotaría también un pequeño agujero existente en el manto, donde se ubicaría una flecha en referencia a su experiencia mística más conocida: la Transverberación. Destaca, asimismo, su gran dinamismo e ímpetu gracias a la correcta ejecución de los plegados, el movimiento efectuado por el escapulario y su mirada mística puesta hacia lo divino. 

Santa Teresa de Jesús. Detalle. (Foto: E. Lacleta)

       En líneas generales, la talla borjana se ajusta al modelo castellano de Gregorio Fernández y, en palabras de Vázquez García, en esta imagen también se supo representar el triunfo de una mujer que mezcló lo místico con lo terreno. Esto último por medio del libro y de la pluma postiza que sostiene con sus manos izquierda y derecha respectivamente. 


Santa Teresa de Jesús. Detalle de la mano derecha de la santa. (Foto: E. Lacleta)

        
        La mano derecha, sin embargo, debió de sufrir algún percance, y tuvo que ser reemplazada por otra pieza bastante más tosca. La talla de Santa Teresa de Jesús es una de las pocas obras que se exhiben habitualmente en el Museo que todavía falta por restaurar.




lunes, 30 de diciembre de 2013


EL BELÉN CONVENTUAL
Siglos XVII-XVIII

Belén conventual
 
        El Misterio del convento de Santa Clara de Borja es, sin duda, el más interesante de todos los expuestos en la ciudad desde un punto de vista artístico. Está integrado por una serie de piezas de diferente tamaño y cronología, siendo las más interesantes las de la Virgen, San José, los tres Reyes y tres pequeños ángeles músicos. Todas ellas son imágenes de vestir, a excepción de los ángeles que fueron realizados en madera policromada en el siglo XVIII.
Ángeles músicos
 
        En el caso de la Virgen María llama poderosamente la atención los diferentes sobrepuestos, postizos, ricos ropajes, encajes, peluca y manos articuladas, muy del gusto de la estética del periodo barroco. En el Libro de Cuentas del convento aparece ya documentada en el trienio 1776-1778. La imagen más valiosa del conjunto es, sin embargo, la napolitana de San José, realizada en el periodo citado por 11 libras y 6 sueldos jaqueses.
 
Imágenes de vestir de la Virgen María y San José
 
        Los tres Reyes Magos parecen algo posteriores, quizá ya de finales del Setecientos o de comienzos de la siguiente centuria. Los tres personajes fueron representados al modo tradicional: Melchor como un anciano calvo con larga barba blanca; Gaspar como un hombre de menos edad y de pelo moreno, y Baltasar como un joven de raza negra con pendientes de oro que aluden al exotismo oriental. Mientras que Gaspar y Baltasar llevan ceñidas en su cabeza una corona, Melchor la porta en su mano derecha.


Imágenes de vestir de los tres Reyes Magos
        
        Hasta fechas relativamente recientes este Misterio era colocado en el interior de la clausura, pero en los años setenta del pasado siglo comenzó a ser colocado en la iglesia conventual de San Sebastián. En próximas entradas hablaremos de algunas de las interesantes imágenes del Niño Jesús que atesora el convento. 

 

 
 

lunes, 25 de noviembre de 2013

DALMÁTICA

Anónimo.1763-1765
Brocado bordado en seda y galón de oro

 
Vista general de la dalmática
 
        Frente al siglo XVI, cuando la ornamentación de las piezas litúrgicas es, fundamentalmente, el bordado de imaginería, en los siglos XVII y XVIII asistimos a una proliferación de otro tipo de decoración, generalmente de tipo vegetal. Multitud de flores y tallos se disponen en ritmos curvilíneos por la totalidad del ornamento, como si treparan sobre él, ordenados de forma simétrica respecto a un hipotético eje central vertical.
 
Detalle del collarín y decoración vegetal que se repite a lo largo de la pieza

       De todas estas características resulta un buen ejemplo la dalmática que presentamos, expuesta en la sala III del Museo. Pertenece a un terno conservado íntegramente en el convento que fue adquirido entre 1763 y 1765. La dalmática es la vestidura litúrgica exterior propia del diácono. En la liturgia cristiana viene usándose en Roma desde el siglo IV, extendiéndose su uso a otros ámbitos en los siglos V y VI. Su origen, sin embargo, se encuentra en una prenda de vestir utilizada por lo romanos desde el siglo II.

     La ornamentación de esta dalmática es toda ella de tipo vegetal, apareciendo diseminada por la totalidad de su superficie. Se trata de una decoración en la que destaca su naturalismo, finura, delicadeza, carnosidad, colorido y belleza formal, fiel exponente de los valores sensoriales característicos del barroco.



 
 

domingo, 17 de noviembre de 2013

CRUZ DE ALTAR

Anónimo.1742
Madera y nácar. 47 x 20,5 cm.

Vista general de la cruz. Foto de E. Lacleta
 
        De entre los fondos permanentes de la sección de jocalias del Museo de Santa Clara sobresale por su calidad la cruz de altar que presentamos. Sobre una  amplia base de forma trapezoidal, con el característico escudo de la orden franciscana al frente, se alza majestuosa una cruz de madera chapeada con incrustaciones de nácar a la que se le añaden, a su vez, otras cinco cruces más pequeñas, conformando de esta manera la denominada Cruz de Jerusalén.
 
        La escena central se reserva para el Crucificado, un añadido de época posterior, y en el reverso figura una pequeña cruz en madera clara que, para algunos investigadores, haría alusión a los mártires crucificados en Nagasaki el 5 de febrero de 1597.
Detalle del Crucificado. (Foto E. Lacleta)

        La procedencia de este tipo de piezas es muy discutida. Para algunos historiadores su origen es claramente indo-portugués, siendo realizadas en las misiones franciscanas de las Indias durante los siglos XVII y XVIII. Otros, en cambio, las vinculan con el Próximo Oriente, debido a la relación de la orden franciscana con la custodia de los Santos Lugares.
 
Detalle de la base trapezoidal de la cruz. (Foto E. Lacleta)
 
        Sea como fuere, lo cierto es que la cruz fue regalada en 1742 al convento de San Francisco de Borja para que la colocara en el altar mayor de su iglesia. Presumiblemente, a consecuencia de los decretos desamortizadores de Mendizábal, pasó al de Santa Clara, donde se ha conservado junto a otras importantes obras procedentes de este mismo convento.