MUSEO DE LA COMUNIDAD DE FRANCISCANAS CLARISAS DE BORJA. (ZARAGOZA) ESPAÑA

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jueves, 14 de abril de 2016

REIMPRESIÓN DE UN GRABADO DE SANTA CLARA DE ASÍS POR EL ARTISTA D. JORGE ANDÍA RUIZ

        En 1700, cuando sor Mariana Sallent Trasobares contaba con 35 años, vio publicada por primera vez su Vida de la seráfica madre Santa Clara, una excepcional hagiografía de la seráfica madre en verso que dedicó al Santo Cristo del Coro del convento de Borja. En sus páginas dio sobradas muestras de su excepcional numen poético, hasta el punto que, en opinión de autores tan destacados como Eiján, “su subyugadora belleza, lo correcto de las frases, la viveza de las imágenes, la sublimidad de los conceptos y lo impresionante de los contrastes” la convierten en una composición única en toda la literatura franciscana mundial. 

Portada de la primera edición de la obra de sor Mariana Sallent. (Foto: A. Aguilera).

       La primera edición fue impresa en Zaragoza por Domingo Gascón, mientras que la segunda y tercera lo fueron en Valencia, en las prensas de Francisco Mestre, tres años después. Ya en 1717 se editó en Lima, en la imprenta de Diego de Lira, y en 1912 en Santiago de Chile. En el convento de Santa Clara se han conservado varios ejemplares de la primera y segunda edición, expuestos en la sala IV del Museo, así como otro ejemplar de la tercera cedido en depósito por el Centro de Estudios Borjanos. 

 Portadas de la segunda y tercera edición de la obra de sor Mariana Sallent. 
(Foto: A. Aguilera).

        Solo el segundo ejemplar, editado como hemos referido en Valencia, en 1703, presenta un grabado xilográfico representando el episodio hagiográfico más importante de Santa Clara: la liberación del monasterio de San Damián y ciudad de Asís de los sarracenos, hecho del que dan buena cuenta las diferentes testigos del proceso de canonización de Santa Clara, como sor Francisca de messer Capitáneo de Col de Mezzo, cuyo relato insertamos a continuación:

        "Preguntada sobre qué había visto ella, respondió que una vez entraron los sarracenos en el claustro del monasterio, y madonna Clara se hizo conducir hasta la puerta del refectorio y mandó que trajesen ante ella un cofrecito donde se guardaba el santísimo Sacramento del Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo. Y, postrándose en tierra en oración, rogó con lágrimas diciendo, entre otras, estas palabras: «Señor, guarda Tú a estas siervas tuyas, pues yo no las puedo guardar». Entonces la testigo oyó una voz de maravillosa suavidad, que decía: «¡Yo te defenderé siempre!» Entonces la dicha madonna rogó también por la ciudad, diciendo: «Señor, plázcate defender también a esta ciudad». Y aquella misma voz sonó y dijo: «La ciudad sufrirá muchos peligros, pero será protegida». Y entonces la dicha madonna se volvió a las hermanas y les dijo: «No temáis, porque yo soy fiadora de que no sufriréis mal alguno, ni ahora ni en el futuro, mientras obedezcáis los mandamientos de Dios». Y entonces los sarracenos se marcharon sin causar mal ni daño alguno".

           Durante el largo proceso de recuperación y revalorización del patrimonio artístico del convento de Santa Clara de los últimos años, pudimos localizar la plancha original del grabado, aunque en otras ocasiones aparece sobre ejemplares editados en 1700 y no en los de 1703, como es nuestro caso. De cualquier forma, gracias a una iniciativa conjunta entre el Museo de Santa Clara y el Centro de Estudios Borjanos, el artista borjano D. Jorque Andía Ruiz va a realizar una tirada limitada del mismo. 

Grabado xilográfico con la representación de Santa Clara en el ejemplar valenciano de 1703. (Foto: A. Aguilera) y estado original de la plancha (foto: J. Andía).

        Como actuaciones previas, D. Jorge Andía ha procedio a la limpieza de la plancha y a realizar una prueba de estado tras el proceso de recuperación para determinar si es viable o no su reimpresión.

Prueba de estado y plancha en su estado actual. (Fotos: J. Andía).

        Remitimos a la página de facebook del artista para ampliar más información sobre esta importante iniciativa, y aprovechamos la ocasión para agradecerle su colaboración.

         https://www.facebook.com/lafactoriadeandia/?fref=ts

martes, 11 de agosto de 2015

LA PRIMERA EDICIÓN DE LA VIDA DE NUESTRA SERÁFICA MADRE SANTA CLARA DE SOR MARIANA SALLENT TRASOBARES

En Zaragoza : por Domingo Gascon..., 1700
[24], 160 p., [1] h. de grab.; 8.º 
Port. con orla tip.
H. de grab. xil. representando a Santa Clara. 


        En el día de hoy, cuando la Segunda Orden Franciscana celebra la solemnidad de su fundadora, queremos traer a esta página la que, sin duda, es la hagiografía más exquisita de Santa Clara de Asís escrita en verso a lo largo de los siglos. Su autora fue la clarisas borjana sor Mariana Sallent Trasobares. (Borja 1665-Borja 1746), la quinta hija sobreviviente del matrimonio constituido por el médico Francisco Sallent y Catalina Trasobares. Mientras que ésta última falleció en 1669, tras dar a luz a su hermana María Teresa, el doctor Sallent lo hizo en 1676. La pérdida de sus progenitores resultó decisiva para que los albaceas testamentarios de don Francisco Sallent decidieran colocarla, junto con sus tres hermanas, bajo el amparo del convento de las clarisas de su ciudad natal, donde se efectuó la toma de hábito conjunta el 6 de febrero de 1676. Las cuatro hermanas fueron profesando a medida que iban cumpliendo la edad requerida, en el caso de sor Mariana el 9 de noviembre de 1682. Entre los muros de esta clausura aragonesa, de las que nuestra biografiada llegó a ser abadesa entre 1715 y 1718, las hermanas Sallent florecieron en virtudes y santidad, siendo, posiblemente, las más importantes e influyentes que hayan morado jamás en el mismo gracias al amparo, protección y mecenazgo que ejerció su hermano mayor, Francisco Antonio Sallent, que en 1705 fue nombrado obispo auxiliar electo del arzobispado de Valencia, aunque por su repentino fallecimiento, acaecido el 11 de febrero de 1706, no pudo llegar a ser consagrado.

Santo Cristo del Coro, hoy en la sala capitular del convento, a quien sor Mariana dedicó su obra. 
(Foto: E. Lacleta)

Cuando sor Mariana contaba con 35 años vio publicada por primera vez su Vida de la seráfica madre Santa Clara, una excepcional hagiografía de la “plantita” de San Francisco que dedicó al Santo Cristo del Coro. En ella dio sobradas muestras de su excepcional numen poético. Tanto es así que, en opinión de autores tan destacados como Eiján, “su subyugadora belleza, lo correcto de las frases, la viveza de las imágenes, la sublimidad de los conceptos y lo impresionante de los contrastes” la convierten en una composición única en toda la literatura franciscana mundial. De ello dan buena cuenta los versos que insertamos a continuación, que fueron copiados en los Papeles Curiosos Manuscritos del duque de Osuna, hoy conservados en la Biblioteca Nacional de España. 


¿Qué afecto es éste, decía,
que lo entiendo y no lo entiendo;
peno, y parece que gozo;
gozo y parece que peno?

¿Qué ardor abrasa, del frío
corazón la espera, siendo,
del mismo Ardor, el ardor
la llama y el refrigerio?

¿Qué es esto, que en mi produce
tristes y alegres extremos;
tormentos en los que logro
glorias, en las que padezco?

¿Qué achaque es éste, que deja
tan desayxado el remedio;
que con la dolencia sano,
con la medicina muero?

¿Qué fuego es éste, que arde
al contrario que otros Fuegos,
pues con suspiros lo apago,
y con lágrimas lo enciendo?

Yo favrico mi dolor
del mismo bien que poseo,
pues tengo aquello que lloro,
y lloro aquello que tengo.

        La obra puede descargarse íntegra en https://books.google.es

Santa Clara de Asís en su retablo de Borja del escultor José Ramírez de Arellano. 


        Solo nos resta felicitar a las hermanas clarisas de Borja en el día de su fundadora. 

domingo, 16 de noviembre de 2014


LOS LIBROS LITÚRGICO-MUSICALES DEL ARZOBISPO ALFONSO GREGORIO


        El 30 de abril de 1603 fue fundado en Borja el convento de Santa Clara, el primero femenino de la ciudad, por sor Esperanza Ortal, sor Ana Xabar, sor Isabel Casales y sor Petronila Sariñena, monjas procedentes del convento de Santa Catalina de Zaragoza. Así pues, más de cuatrocientos años de existencia han generado un extraordinario patrimonio que, lejos de los sucedido en otro tiempo, sus propietarias han sabido advertir su valor, un cambio de mentalidad que se ha traducido en la consolidación del edificio, la restauración de su iglesia y de algunos de los lienzos que constituyen su exorno, la recuperación de sus ricos archivos histórico y musical y la creación del Museo conventual. Es, en este contexto, donde diversos investigadores, historiadores del arte e historiadores hemos comenzado a poner nuestra mirada en un convento que, hasta la actualidad, no había sido objeto de la atención que merecía, dando a conocer parte de su historia y de patrimonio en distintas publicaciones especializadas. 

       Fruto de este trabajo fue el hallazgo en 2008 de tres de los cinco libros litúrgico-musicales que se propuso realizar el arzobispo de Zaragoza D. Alfonso Gregorio a finales del siglo XVI y que se han conservado en el convento borjano. Nos estamos refiriendo al Antiphonarium de Sanctis  (1596), al Antiphonarium de Tempore (1598) y al Missarum de Sanctis (1598), todos ellos realizados en la tipografía de Pascual Pérez, “uno más de los numerosos y excelentes maestros impresores que trabajaban activamente en nuestra ciudad a finales del s. XVI”,  y que hasta el trabajo del profesor Ángel San Vicente resultaba casi desconocido. La noticia fue dada a conocer por Heraldo de Aragón, cuyo enlace insertamos a continuación:

http://www.heraldo.es/noticias/cultura/el_patrimonio_musical_aragones_recupera_tres_joyas_bibliograficas_halladas_borja.html

     Los dos antifonarios fueron objeto de estudio y publicación en una edición  facsimilar auspiciada por la Sección de Música Antigua de la Institución “Fernando el Católico”, donde quedó de manifiesto la rareza e importancia de estos ejemplares, máxime cuando en el año 1996 sólo se tenía constancia de la existencia del Antiphonarium de Tempore en las bibliotecas privadas de los profesores Lothar Siemens Hernández y Jesús Gonzalo López así como en la Biblioteca de la Universidad de Oviedo, lugar éste último donde también se conserva el Antiphonarium de Sanctis. 

Antiphonarium de Sanctis

     D. Alfonso Gregorio ocupó la sede arzobispal desde el 1 de mayo de 1593 hasta su fallecimiento, acaecido el 27 de octubre de 1602, viéndose caracterizado su gobierno por una “intensa actividad pastoral”. En la dedicatoria de ambos antifonarios puso de relieve la escasez de obras de esta naturaleza en su archidiócesis, su importancia en la alabanza divina así como la necesidad de imprimirlas si se carecía de ellas. De tal manera, los ejemplares conservados en Borja, aun perteneciendo la ciudad a lo largo de su historia a la diócesis de Tarazona, deben considerarse el fruto de una de las máximas prioridades que rigieron el gobierno del prelado.

Antiphonarium de Tempore

         En la citada edición facsimilar quedó patente que la idea inicial de D. Alfonso Gregorio era la publicación de cinco libros, aunque sólo se conocían con seguridad los dos antifonarios, y, con ciertas reservas, el Manuale seu Rituale Caesaraugustanum, editado por Lorenzo Robles en 1600 y que Juan M. Sánchez localizó en la biblioteca del convento de Ntra. Sra. de Cogullada, ejemplar actualmente desaparecido, aunque se habría conservado otro en la parroquia de la localidad de Cubel. En la actualidad, podemos añadir a esta nómina el Missarum de Sanctis conservado en Borja, y que según don Pedro Calahorra existe otro ejemplar en la catedral de Jaca, así como un Missarum de Tempore localizado en la colegiata de Daroca.

Liber Missarum de Sanctis

        El Missarum de Sanctis contiene la música de las partes del Propio de la Misa, tanto para el Propio de los Santos siguiendo el calendario de la Iglesia Universal, como para el Común de los Santos y difuntos, donde también se recogen las festividades del calendario de la Iglesia en España y las del de Zaragoza. El libro se completa con varios aspersorios y partes del Ordinario de la Misa para el Común de los Santos y difuntos. Así pues, el hallazgo de estos tres ejemplares en el convento de Santa Clara resulta ser de una importancia extraordinaria, tanto porque se desconocía su existencia en Borja como porque es el único lugar en el que se han conservado juntos tres de los cinco libros proyectados por el prelado.

domingo, 9 de febrero de 2014

VIDA DE LA V.M. SOR MARÍA SALINAS
Ginto, fray Juan
Zaragoza 1660
[24], 383, [8] p. 4.º

Vida de la madre sor María Salinas. 1660
Foto: E. Lacleta

        Según los datos que se conservan en el archivo conventual, sor María Salinas Tudela nació en la villa oscense de Tamarite de la Litera el 14 de septiembre de 1602. Su padre, Francisco, era natural de aquí, pero su madre, María, había nacido en Borja. Al quedar huérfana a edad muy temprana fue educada con el hermano de su madre, Juan de Tudela, racionero de la S.I.M. de Zaragoza. Transcurridos algunos años, el 25 de septiembre de 1622, tomó el hábito en este convento de Santa Clara como religiosa de coro, profesando en el mismo el 29 de septiembre del año siguiente. Aquí vivió hasta el 28 de agosto de 1636, momento en el que salió como fundadora del convento de la Purísima Concepción y Santa Espina de Gelsa, donde murió en olor de santidad el 1 de junio de 1657, habiendo sido en este convento abadesa durante quince años.

Vista del desaparecido convento de Gelsa
        La figura de la venerable era parcialmente conocida por las referencias que de ella hacen Latassa o Triviño, aunque su recuerdo siempre ha permanecido vivo en su comunidad de origen, especialmente por su autobiografía que fue mandada imprimir por fray Juan Ginto en 1660. Sor María experimentó durante toda su vida largos periodos de éxtasis místicos y múltiples visiones celestiales propias de la religiosidad barroca, y que se vio obligada a escribir por mandato de sus confesores, con objeto de discernir si detrás de ellas se encontraba la mano de Dios o del diablo. A su muerte, el último de sus confesores recopiló todos estos escritos y, junto a los testimonios orales que le proporcionaran las religiosas de Gelsa, publicó este libro que, en el día de hoy, puede contemplarse en la sala IV del Museo.

        El impreso resulta interesante por varios motivos. El primero de ellos porque el catálogo colectivo del patrimonio bibliográfico español sólo reseña la existencia de nueve ejemplares en bibliotecas españolas: cinco en Aragón; dos en Madrid -en la Biblioteca Nacional- uno en Baleares y otro en el País Vasco. En segundo lugar porque su contenido resulta fundamental no sólo para el estudio de una figura que fue influyente en su tiempo y que murió en olor de santidad, sino también para el del propio microcosmos de la clausura borjana, sus costumbres, su forma de vida o sus tensiones internas durante el tiempo en el que vivió la religiosa.

miércoles, 16 de octubre de 2013

LIBRO DE LA REGLA
1614
Zaragoza
[4] 171 p [5] en blanco. 4º
Encuadernación en cuero repujado


Entre las obras más significativas del Museo se encuentra el Libro de la Regla, custodiado hasta ahora en los fondos antiguos de la biblioteca conventual y, en la actualidad, en la sala II del Museo junto con otros recuerdos de la época fundacional del convento.

Regla de las clarisas de Borja. (Foto: A. Aguilera).

Se trata de un pequeño libro de tapas de cuero con bella decoración geométrica de herencia mudéjar. Sus hojas están manuscritas en pergamino con capitales miniadas que dan inicio a los diferentes capítulos de la regla y dos pinturas, sitas en los folios 1v. y 9v., que representan el episodio hagiográfico de la estigmatización de San Francisco y a Santa Clara con ostensorio, báculo de abadesa, vestida y calzada como clarisa urbanista.

Santa Clara en la Regla de las clarisas de Borja. (Foto: A. Aguilera)

En otros importantes conventos de clarisas también se han conservado Reglas similares, como en Medina de Rioseco, que custodia dos ejemplares fechados en 1498 y 1591. 



Anónimo castellano. 1498. Medina de Rioseco

En un principio, el propio San Francisco redactó para Santa Clara y sus compañeras, moradoras en el monasterio de San Damián, unas observancias por las que debían regir su modelo de vida. Sin embargo, el canon 13 del IV Concilio de Letrán (1215) prohibía aprobar nuevas reglas, por lo que las religiosas de San Damián tuvieron que profesar la de San Benito, que en nada tenía que ver con el ideal de pobreza evangélica con el que querían vivir. 

Pronto comenzaron a proliferar por Italia los conventos de “Damianitas”, deseosos de vivir bajo el modelo y carisma del de San Damián. De esta manera, en 1218, el cardenal Hugolino redactó para ellos unos Estatutos que estuvieron en vigor, junto con la regla benedictina anteriormente citada, hasta el año 1247, cuando Inocencio IV otorgó una nueva Regla. Pero el 9 de agosto de 1253, dos días antes de morir Santa Clara, el Papa aprobó su propia Regla, la primera redactada por una mujer en la historia de la Iglesia, aunque sólo para el monasterio de San Damián.

Unos años más tarde, el cardenal Cayetano Orsini compuso otra regla, conocida como de Urbano IV, por ser el pontífice que la aprobó el 8 de octubre de 1263. La principal característica que la define, frente a la redactada por Santa Clara, es la abolición del privilegio de pobreza, estableciendo que los conventos podían poseer en común, aunque no en particular, rentas y propiedades con los que poder subsistir.

A todas las religiosas que profesaron esta última Regla se les conocía como clarisas urbanistas o urbanitas y, entre ellas, se encontraban también las de Borja, hasta que en 1990 volvieron a profesar la de Santa Clara.

Portada del libro Tierra de conventos

Este libro de la Regla del papa Urbano IV que presentamos puede ser considerado como parte del ajuar fundacional del convento, pues fue sufragado en su totalidad por sor Esperanza Hortal, abadesa fundadora del convento, en el año 1614. Asimismo, su imagen sirvió de portada para la obra Tierra de conventos, un estudio sobre los conventos de Santa Catalina del Monte y San Cristóbal de Cariñena realizado gracias a la ayuda de investigación concedida en 2009 por el Consejo Regulador de la D.O. de Cariñena,  la Institución Fernando el Católico,  la Caja Rural Cajalón y la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza.