MUSEO DE LA COMUNIDAD DE FRANCISCANAS CLARISAS DE BORJA. (ZARAGOZA) ESPAÑA

lunes, 11 de agosto de 2014

LAS CANONESAS DEL SANTO SEPULCRO Y LA HERMANDAD DE LA VIRGEN DE LA PEANA EN ZARAGOZA VISITAN EL MUSEO DE SANTA CLARA


        El pasado sábado, 9 de agosto, un nutrido grupo de borjanos de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Peana de Zaragoza visitó el Museo de Santa Clara acompañados por las canonesas del Santo Sepulcro y por su presidente, D. Javier Lajusticia Sanmartín. 



       Tras ser recibidos por la comunidad de franciscanas clarisas en el locutorio mayor del convento, donde las religiosas ofrecieron un pequeño refrigerio, procedieron a visitar las instalaciones del Museo. 



        La Hermandad de Ntra. Sra. de la Peana nació en Zaragoza en 1950, cuando un grupo de borjanos afincados en Zaragoza decidieron mantener vivas sus raíces borjanas en torno a nuestra patrona, la Virgen de la Peana. Desde hace ya bastantes años tiene establecida su sede canónica en la iglesia de San Nicolás de Bari, templo conventual de las religiosas canonesas. 


domingo, 10 de agosto de 2014

EN LA SOLEMNIDAD DE SANTA CLARA DE ASÍS





        En el día de mañana, las clarisas celebrarán la solemnidad de su santa fundadora, Clara de Asís, nacida en 1173 y la primera mujer autora de una Regla. Fue en la madrugada del Lunes Santo de 1211 ó 1212 cuando una rica y hermosa joven de Asís, llamada Clara Favaronne, seducida por la predicación de San Francisco, huyó de su casa paterna hacia Santa María de la Porciúncula donde la esperaba el fundador franciscano para consagrarla a Dios. Nacía de esta manera la rama femenina de los Hermanos Menores que, por aquel entonces, según les impuso Francisco, eran conocidas como Damas Pobres.





          Uno de los episodios hagiográficos más importantes y conocidos de la santa aconteció en 1241, cuando los sarracenos integrantes de las tropas del emperador Federico II quisieron asaltar el convento. Entonces, según el relato de una de las testigos de su proceso de canonización, "madonna Clara se hizo conducir hasta la puerta del refectorio y mando que trajesen ante ella un cofrecito donde se guardaba el Santísimo Sacramento... y postrándose en tierra en oración, rogó con lágrimas diciendo , entre otras, estas palabras: Señor, guarda Tú a estas siervas tuyas, pues yo no las puedo guardar". La oración surtió el efecto deseado, y los sarracenos se marcharon sin causar ningún daño.E




        En su iglesia conventual de Borja, la imagen de Santa Clara se localiza en un retablo ubicado en uno de los brazos del crucero, el correspondiente al lado de la Epístola, portando como elementos iconográficos característicos el báculo de abadesa y la custodia con el Santísimo. 



       Tanto la mazonería del retablo como la propia escultura fueron realizadas por el notabilísimo escultor José Ramírez de Arellano en 1746, mientras que los trabajos de policromía corrieron por cuenta, al año siguiente, de Pedro Luzán, hermano del destacado pintor José Luzán. 

domingo, 29 de junio de 2014

NUEVO HORARIO DE VERANO

Durante los meses de verano el Museo de Santa Clara permanecerá abierto todos los fines de semana en horario de 11.00 a 13.00 h. y de 18.00 a 20.00 h.

domingo, 18 de mayo de 2014

SANTA TERESA DE JESÚS
José Ramírez de Arellano y taller
Talla en madera policromada y encarnada
Segunda mitad del siglo XVIII
Santa Teresa de Jesús. (Foto: E. Lacleta)

       En el día internacional de los Museos, volvemos con una nueva entrada de este blog dedicada a Santa Teresa de Ávila, una de las santas más importantes de la Iglesia católica y una de las tres únicas doctoras reconocidas por Ésta junto a Santa Catalina de Siena y Santa Teresita del Niño Jesús. Nació en Ávila, el 28 de marzo de 1515, entrando en el Carmelo a los 18 años de edad. Ya a los 45 años, junto con San Juan de la Cruz, introdujo en la orden la reforma carmelitana, y su vida estuvo plagada de profundas experiencias místicas y espirituales. Murió en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1572. 

Santa Teresa de Jesús. (Foto: E. Lacleta)

        La devoción que profesaron a la santa abulense las hermanas Sallent, cuatro clarisas de origen borjano, así como la de su propio hermano Francisco Antonio, obispo auxiliar electo del arzobispado de Valencia, queda constatada por su empeño en conseguir tres reliquias que, finalmente, pudieron llegar al convento de Borja y, de hecho, fue el prelado el promotor de una de las celebraciones religiosas más solemnes que tuvieron lugar aquí. Se trata de la fiesta que instituyó en honor de Santa Teresa de Jesús. La rápida propagación de su culto, posibilitó el surgimiento de una iconografía exclusiva y particular de la santa en fechas tempranas. Su propia personalidad y experiencias místicas también encajaron perfectamente en la pasión propia de la España del barroco, motivo por el que Santa Teresa fue muy representada en los siglos XVII y XVIII, incluso en centros religiosos como el de Borja, perteneciente a otra Orden distinta de la Iglesia. 

Santa Teresa de Jesús. Detalle del rostro. (Foto: E. Lacleta)

        La existencia de esta escultura, que hoy puede admirarse en la sala cuarta del Museo, debe ponerse en relación con la fiesta fundada en el convento por Francisco Antonio Sallent. Se trata de una imagen de bulto, aparentemente de madera de pino, y de muy buena calidad artística cuya policromía se ha realizado a base de pintura al óleo y dorado al agua. La santa, de cara redondeada, finas cejas, boca pequeña, mentón marcado y ojos saltones recuerda al estilo de los Ramírez. Por otra parte, se representa de pie, en posición de contraposto con la pierna izquierda flexionada. 

Santa Teresa de Jesús. Detalle de la policromía de la capa. (Foto: E. Lacleta)

        Viste el tradicional hábito marrón carmelita y capa blanca decorados con motivos vegetales de gusto rococó. Además, Santa Teresa se muestra en pleno arrobamiento místico, con la boca entreabierta y semblante elevado al cielo, como denotaría también un pequeño agujero existente en el manto, donde se ubicaría una flecha en referencia a su experiencia mística más conocida: la Transverberación. Destaca, asimismo, su gran dinamismo e ímpetu gracias a la correcta ejecución de los plegados, el movimiento efectuado por el escapulario y su mirada mística puesta hacia lo divino. 

Santa Teresa de Jesús. Detalle. (Foto: E. Lacleta)

       En líneas generales, la talla borjana se ajusta al modelo castellano de Gregorio Fernández y, en palabras de Vázquez García, en esta imagen también se supo representar el triunfo de una mujer que mezcló lo místico con lo terreno. Esto último por medio del libro y de la pluma postiza que sostiene con sus manos izquierda y derecha respectivamente. 


Santa Teresa de Jesús. Detalle de la mano derecha de la santa. (Foto: E. Lacleta)

        
        La mano derecha, sin embargo, debió de sufrir algún percance, y tuvo que ser reemplazada por otra pieza bastante más tosca. La talla de Santa Teresa de Jesús es una de las pocas obras que se exhiben habitualmente en el Museo que todavía falta por restaurar.




sábado, 5 de abril de 2014

CRISTO DE LA ENFERMERÍA
Anónimo. Primer tercio del siglo XVII
Madera policramada. 101,5 cm. 


Cristo de la enfermería. (Foto: E. Lacleta)

        La vida de una de las religiosas más importantes que tomaron el hábito en este convento de Santa Clara de Borja, sor María Salinas Tudela -referida en este blog en entradas anteriores- nos ofrece un modelo hagiográfico establecido dentro de la más estricta estética del barroco, plagada de numerosas visiones, coloquios místicos con Jesucristo, éxtasis o intensos arrobos. Tras una de estas experiencias espirituales en las que llegó a conversar con San Francisco de Asís, la religiosa quedó tan sumida en ansias de pobreza que no dudó en desprenderse de todos los bienes materiales que tenía, entre ellos este precioso crucificado que regaló a la enfermería del convento para consuelo de sus hermanas enfermas.

 Cristo de la enfermería: detalle. (Foto: E. Lacleta)

        Con respecto al oratorio de la enfermería, es necesario indicar que, en la segunda mitad del siglo XVIII, el obispo de Tarazona, D. Esteban Vilanova, en cumplimiento de los dispuesto por la bula del papa Benedicto XIV del 25 de enero de 1756, designó altar privilegiado perpetuo su retablo para que las religiosas que por ancianidad, enfermedad u otras circunstancias no pudieran "visitar" el mayor de la iglesia conventual, ganaran las indulgencias en éste, aunque sólo si oficiaban sacerdotes franciscanos. 

Detalle de la base de la cruz con la calavera de Adán. (Foto: E. Lacleta)

        El Santo Cristo de la enfermería es una obra de buena factura de principios del siglo XVII y, hasta los años setenta del pasado siglo se conservó en un nicho barroco sufragado por la religiosa sor Luisa Villanova entre 1763-1766, junto con una pequeña escultura de factura popular representando a la venerable madre Salinas. En la actualidad, la hornacina se conserva junto a la entrada de la sala capitular, conteniendo una imagen de la Virgen de la Peana, co-patrona de Borja, de la segunda mitad del siglo XIX. El Cristo, por su parte, puede admirarse en la sala IV del Museo junto a otros recuerdos de sor María Salinas. 

Vista del Cristo de la enfermería desde la entrada a la sala IV del Museo. (Foto: E. Lacleta)

        La imagen también ha sido fuente de inspiración literaria en el interior del claustro. Hace unos años pudimos recoger una hoja de calendario correspondiente al mes de abril de 1936. Detrás de ella se había escrito una composición poética anterior dedicada a este Santo Cristo, aunque de no demasiada fortuna y pobre de versificación. 

Existe en la enfermería de Santa Clara
una imagen de Cristo que arroba el alma:
este es el Crucifijo que habló un día
a nuestra venerable madre María, madre María.

De esta imagen vendita tan lastimera
hay sublimes misterios para quererla.
La venerable, umilde, ante ella orando
tenía estos coloquios tan regalados. 

Jesús del alma mía, ¿qué quieres que haga?
Dulce vien mío, en esa cruz al verte tan dolorido,
te pido que me digas qué quieres que haga
para satisfacerte por nuestras faltas.

¡O, mi sierva María: ámame mucho
por los que me desprecian en este mundo.
Tus sacrificios, hija, con tus ofrendas
podrán calmar en algo mis crueles penas. 

Cuando la venerable salió de casa
a reformar en Jelsa la regla santa,
dejó en este convento tan rica joya
que adoraran siempre las relijiosas. 

Éstas, en Él confían, y a Él sólo acuden,
lo mismo cuando gozan que cuandro sufren,
pues sólo con mirarle sienten sus almas
consuelos inegables en sus desgracias. 

Las cruces que en el mundo Dios les envía
cargan sobre sus hombros con alegría,
pues viendo a Jesucristo colgado en ella
su corazón recibe gran fortaleza. 

Y si en la enfermería, por sus dolores,
sienten crueles tormentos en sus corazones,
tiene la relijiosa gran regocijo
por estar siempre al ladro del Crucifijo. 

En Él, sus santos botos tienen clavados
porque es norma segura para guardarlos,
y porque les [...] por su observancia,
en la mansión eterna dicha sin tasa. 


domingo, 23 de febrero de 2014

CARTA DE LA V.M. SOR MARÍA SALINAS
Primera mitad del siglo XVII
Papel. 31 x 21,5 cm. 


Carta de la madre Salinas. (Foto: E.Lacleta)

        Hace ya algunas semanas que dedicamos una entrada a la figura de la venerable madre sor María Salinas, muerta en olor de santidad, el 1 de julio de 1657, en el convento de clarisas de Gelsa (Zaragoza). Había nacido en Tamarite de la Litera en 1622, pero tomó el hábito en el convento de Santa Clara de Borja en 1622, de donde era natural su madre. Un año después, como era norma general en la época, y tras el periodo del noviciado, profesó en la Orden de Santa Clara. En Borja vivió hasta el 28 de agosto de 1636, cuando salió hacia la villa de Gelsa como una de las fundadoras del convento que, en aquella localidad, había sido promocionado a instancias de los marqueses de Osera. 

Autobiografía de la madre Salinas, publicada en Zaragoza, en 1660, por fray Juan Ginto
(Foto: E. Lacleta)

        Para el conocimiento de la religiosa resulta de imprescindible consulta su propia autobiografía, que fue publicada en Zaragoza en 1660, algunos años después de su muerte, y que forma parte también de los fondos permanentes del Museo. 

Carta de la V.M. Sor María Salinas al doctor Sallent. Detalle del encabezamiento y primeros versos.
(Foto E. Lacleta).

        Entre los recuerdos personales de la venerable que su convento de Borja ha conservado se encuentra una carta que, aunque sin data cronológica, puede ser fechada en el primer tercio del siglo XVII. Su destinatario era Francisco Sallent, médico de Borja. De su matrimonio con Catalina Trasobares tuvo varios hijos: el primogénito, llamado Juan Francisco, llegó a ser obispo auxiliar emérito de Valencia, y cuatro de las niñas, además, profesaron también en el convento. Se tratan de las célebres hermanas Sallent, de las cuales, sor Mariana, fue una de las poetisas más destacadas de la literatura española de los siglos XVII y XVIII. 

Carta de la V.M. Sor María Salinas al doctor Sallent. Detalle. 
(Foto E. Lacleta).

        La carta que remitió la madre Salinas probablemente llegó al convento en el momento en el que las hijas del doctor Sallent tomaron el hábito en él, conservándola como un recuerdo familiar procedente de una religiosa que, según hemos ya visto, murió en opinión de santa. Toda la redacción es una composición poética, pero de pobre versificación y escasa calidad. En ella, la religiosa da una serie de consejos al destinatario para que sepa apartarse de las tentaciones mundanas del demonio. 


miércoles, 12 de febrero de 2014

VISITAS AL MUSEO DEL COLEGIO DE SANTA ANA DE BORJA

                                                   
        En la tarde de ayer, 11 de febrero, un grupo de 55 niños y niñas procedentes del Colegio de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana de Borja visitó el Museo de Santa Clara acompañados por sus respectivas profesoras D.ª Nieves Ferrández, D.ª María Olóriz y D.ª Maribel Sanjuán.

        Los "pequeños" visitantes, algunos de los cuáles no era la primera vez que habían estado, disfrutaron durante casi un hora de los diferentes elementos que conforman los fondos permanentes, llamándoles especialmente la atención los  instrumentos musicales expuestos en la sala VI y, concretamente, una de las piezas más importantes del Museo: el salterio, del que los niños se interesaron por su forma trapeizodal, su número de cuerdas y la forma en la que se toca.


         Evidentemente, la forma de vida de las hermanas clarisas no les permite encontrarse físicamente en las estancias del Museo, pero para la ocasión quisieron hacerse presentes preparando para cada niño una bolsa de sus conocidas y sabrosas palomitas que les fueron repartidas al final de la visita.


        Nos alegra enormemente que el Museo de Santa Clara se haya convertido en un territorio de diversión y aprendizaje fascinante para los niños, haciendo nuestras las palabras del conocido educador Haim Ginott: "Los niños son como cemento fresco, cualquier cosa que caiga sobre ellos deja una huella". Esperamos que así sea.