MUSEO DE LA COMUNIDAD DE FRANCISCANAS CLARISAS DE BORJA. (ZARAGOZA) ESPAÑA

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sábado, 8 de noviembre de 2014

LA DEVOCIÓN DE LAS CLARISAS A LA VIRGEN DEL CORO


        Las referencias existentes en el archivo conventual acerca de la imagen de la Virgen del Coro son ciertamente escasas, aunque no por ello dejan de ofrecer datos sumamente importantes. Tanto el Libro de la fundación como el Libro Cabreo coinciden en afirmar que la talla, venerada antiguamente en el coro del convento de Nuestra Señora de Jesús de Zaragoza, fue traída a Borja en 1603 por las madres fundadoras como regalo del reverendo padre provincial fray Juan Carrillo.


Coro alto del convento de Santa Clara de Borja presidido por la Virgen del Coro. 
En primer plano, detalle de su hermosa reja labrada en madera. (Foto: E. Lacleta)

          Desde su llegada a la ciudad, siempre recibió culto en el coro alto del convento, y desde un principio fue objeto de especial atención y veneración de las religiosas. En el año 1625 sor Elena Lajusticia regaló dos coronas de plata para la Virgen y el Niño que costaron 20 escudos, aunque las actuales son obras de la segunda mitad del siglo XVIII realizadas por el orfebre zaragozano Manuel Cardiel. Posteriormente, y de su propio peculio, las religiosas le regalaron cintillos de oro, collares de perlas y, especialmente, mantos. 

Tosco dibujo de la Virgen del Coro con manto realizado por alguna monja en el libro 
Peregrinación de Filotea, publicado en 1680. (Foto: A. Aguilera). 

        Así es, los obsequios más abundantes a lo largo de los siglos fueron, como hemos indicado, los diversos mantos con los que era vestida, práctica de la que también nos informa el padre Roque Alberto Faci y de la que tenemos constancia documental desde la segunda mitad del siglo XVII, concretamente hacia 1680. También conocemos la existencia en el convento del oficio de “Camareras de Ntra Señora” que, desempeñado por dos religiosas, consistía en el cuidado de esta imagen. Desafortunadamente, todavía no han podido ser localizados estos piezas textiles en el convento, aunque la devoción de sor Tomasa Alduy, o la de alguna otra religiosa a la que perteneció el libro Peregrinacion de Philotea al santo templo y monte de la Crvz del obispo de Osma Juan de Palafox y Mendoza, la hizo representar de esta manera. 


Papa Clemente XII. (Foto: wikipedia)

           En torno al año 1714 debió realizarse el retablo-hornacina en el que actualmente se encuentra la imagen, y junto a ella fueron colocados en distintos momentos los objetos y reliquias más preciadas por la comunidad. Asimismo, las fundaciones instituidas por las monjas en el siglo XVIII manifiestas la devoción hacia la imagen, al igual que un breve pontificio por el que, el 17 de abril de 1731, S.S. Clemente XII, concedía poder alcanzar la indulgencia plenaria en este altar. 


Virgen del Coro en su camarín. (Foto: E. Lacleta).

        De entre los prodigios excepcionales que refieren las crónicas, se alude a que en una ocasión el Niño Jesús le dijo a una religiosa  “Yo Soy la flor del Campo” y, en 1731, cuando otra hermana estaba agonizando, se llevó hasta su celda, mejorando notablemente, pues llegó a vivir cinco años más. También se ha llamado tradicionalmente la atención sobre los cambios que experimenta la expresividad del rostro de María en función de los tiempos litúrgicos. 


lunes, 6 de octubre de 2014

EL PROCESO DE RESTAURACIÓN DE LA VIRGEN DEL CORO


Estado inicial de la Virgen antes de la intervención. (Foto: A. Aguilera)

       Cuando en el año 2009 la comunidad de clarisas decidió abordar la restauración de la venerada imagen de la Virgen del Coro, no se contaba con documentación que indicase las diferentes intervenciones y transformaciones sufridas por la talla, aunque a simple vista éstas eran evidentes, como los recrecidos de estucos, retallados parciales y, especialmente, la mutilación de la corona de madera de la Virgen, con objeto de poder colocarle la de plata, y la policromía que presentaba a base de pinturas plásticas y purpurinas. 


Imagen de la Virgen una vez eliminado el repinte de 
capas de pintura y purpurinas. (Foto: P. Bea)

        En efecto, la actuación más agresiva era la de su desafortunada repolicromía, pero también se sospechaba que podía existir un añadido de telas encoladas y enyesadas para dar volumen a los ropajes. Su estado de conservación, sin embargo, era aceptable, aunque presentaba ataques de xilófagos. 

Talla de la Virgen del Coro una vez finalizada la restauración. (Foto: E. Lacleta)

       El proceso de restauración, encomendado al Estudio de Restauración de Bienes Culturales de Zaragoza, comenzó con la protección previa de la imagen y la eliminación de polvo y de las deposiciones superficiales. La madera fue tratada contra el insecto xilófago y también se consolidó el soporte para devolverle la cohesión interna. Por su parte, las carnaciones originales a pulimento y el dorado al agua de los cabellos aparecieron bajo la policromía, pero no se localizaron las originales en los ropajes, lo que llevó a la necesidad de proceder a una reintegración cromática mediante el trateggio modulado. Finalmente, se le aplicó como protección barniz satinado. 


Reproducción de la Virgen del Coro realizada por las hermanas clarisas de Borja. 
(Foto: Centro de Estudios Borjanos). 

         Debido a la veneración y significación de la imagen dentro del convento, se descartó el que formara parte de los fondos permanentes del Museo pues, en el día de hoy, sigue presidiendo el diario vivir conventual desde su hornacina del coro alto del convento, así como las elecciones de las abadesas cada tres años. Por contra, se optó por colocar una fotografía en la vitrina de la sala II, dedicada a las piezas fundacionales de este claustro femenino, así como colocar una reproducción que, de la misma, realizan las hermanas gracias al molde que les donó el escultor D. Carlos Arrabal.

lunes, 8 de septiembre de 2014

LA VIRGEN DEL CORO
Anónimo
Talla en madera de nogal policromada. 70 x 30 x 25 cm. 
Segunda mitad del siglo XV



Virgen del Coro en su retablo-hornacina del coro alto 
del convento de Santa Clara. (Foto: E. Lacleta)


        En el coro alto del convento de Santa Clara de Borja se ha conservado una enigmática imagen sedente de la Virgen María, a la que las religiosas llaman cariñosamente «del Coro», presidiendo como en antaño la vida contemplativa de la comunidad. A pesar de ser citada ya en la conocida obra del padre Roque Alberto Faci: Aragón, Reino de Cristo y dote de María Santísima, concretamente en su segunda parte -publicada en Zaragoza, en 1750- la imagen resultaba prácticamente desconocida hasta el año 2008, en el que, en la ciudad de Calatayud, fue presentada a la comunidad científica en el transcurso de la II Jornada de Patrimonio Cultural de la Iglesia organizada por la Delegación de Patrimonio de la diócesis de Tarazona.  

Virgen del Coro tras su restauración en el año 2009. (Foto: E. Lacleta).

        La talla, realizada en madera de nogal, responde desde un punto de vista iconográfico  al tipo de María sedente sobre un trono con molduras laterales.Con su mano izquierda sostiene al Niño que aparece sentado en su regazo, mientras que con la derecha porta un objeto esférico que puede ser el orbe o una manzana, en alusión a su papel de nueva Eva en la historia de la salvación. La Virgen aparece sin velo, con el pelo liso peinado con la raya en medio con dos guedejas que caen sobre sus hombros. Viste túnica blanca —con los ribetes de las mangas y el escote rojo y dorado— ceñida a la cadera por un cinturón de estas mismas tonalidades. Sobre ella, un manto verde turquesa cae desde los hombros en amplia curva por el lado derecho hacia el regazo,cubriendo el brazo izquierdo y encontrándose ambos puntos en este mismo lado. Desde ahí, baja hacia los pies en pliegues verticales y ondulados que dejan ver parte de la túnica y los chapines. 

Detalle de las efigies de la Virgen del Coro. (Foto: E. Lacleta)

        Por su parte, el Niño aparece situado sobre el brazo izquierdo de María, ligeramente ladeado hacia la derecha. Con su mano izquierda porta el orbe como muestra de su poder mayestático sobre toda la creación mientras levanta la contraria en actitud de bendecir. Manto y túnica son de las mismas tonalidades blancas que las de su madre, así como los ribetes dorados y rojos que los decoran. Así pues, la imagen de la Virgen del Coro es un claro ejemplo de producción popular arcaizante que puede situarse cronológicamente en la segunda mitad del siglo XV. Aunque su anónimo autor no renunció a los tradicionales símbolos y mantuvo la continuidad tipológica con modelos románicos, rompió con el hieratismo y frontalidad propias de estas tallas para acentuar, por el contrario, los rasgos maternales, dotando a los rostros de una cierta dulzura en sus expresiones, especialmente en el del Niño, que muestra una ligera sonrisa en contraposición al melancólico semblante de María.

        En el siguiente enlace puede consultarse la obra del carmelita Roque Alberto Faci, que refiere la talla en las páginas 126-127: 

http://books.google.es/books?id=8ERFrYv9VAIC&printsec=frontcover&dq=roque+alberto+faci&hl=es&sa=X&ei=E1IMVOekHobT7Aat1oG4CQ&ved=0CCAQ6AEwAA#v=onepage&q=roque%20alberto%20faci&f=false